Ellas

Ellas

Susana -2-

Susana agrega dos cucharaditas de azúcar a su  te y meticulosamente las revuelve, en tanto   trata de organizar en su mente lo  importante para comunicar en la reunión, sin que nada hiera los sentimientos de las asistentes.

Cuando Julia la llamó, pasado el asombro inicial,  tuvo que pedirle calma, era una catarata de palabras, nombres, situaciones, se le  hacía difícil entenderla. Logrado, escucharla fue como si estallara una bomba, mezclando enojo, sorpresa y un cúmulo de sentimientos que no podía definir
Se consideraba una buena profesional, había escuchado cientos o miles de historias, pero eran ajenas, en esta estaba involucrada.
Debía guiarse por la teoría y su experiencia, dado que no era su paciente, lo que la cargaba de dudas y sobre todo por lo no lo conocía personalmente, aunque el comportamiento era  típico de  libro.
El enojo era  consigo misma por no haberlo detectado antes, si bien le había manifestado sus dudas por algunas publicaciones  y se dejo convencer con   excusas, retrospectivamente no las había creído del todo.
 Las dos  tuvieron largas charlas analizando la información, previo contactar   las demás.  Tratando  de ser lo más imparcial posible, difícil, descubrieron las dos vidas o personalidades de él,  la real y la   ideal o deseada, en la que  matizaba sus relaciones familiares, profesionales y personales con mucha imaginación

Mientras esperaba el taxi  tuvo deseos de fumar, extraño. Cuantas veces había repetido en  sus cursos que ese deseo enmascaraba sentimientos o emociones que debían aclararse antes de encender el próximo cigarrillo


Tarde de sábado -1-

Con profundo desagrado enchufo la plancha, quería ponerse la camisa blanca de algodón, la bordada, inevitablemente debía sacarle las arrugas.
Armo la tabla y se sentó en la cama. Era casi un  ritual que repetía  en las escasísimas ocasiones en que planchaba. Lo  obviaba lo más posible, pero cuando lo hacía le dedica todo su esmero.
Mientras esperaba que se apagara la luz roja, no pudo evitar que  los recuerdos comenzaran a arremolinarse. Habían sido meses juntando información, la internet fue de gran utilidad, sin ella hubiera más difícil, no  imposible,   se sabía obsesiva y hubiera encontrado algún método para lograrlo. Con las que pudo,  fueron varias,  se contactó telefónicamente, con otras por  facebook y finalmente armaron un grupo cerrado para que  expresaran sus opiniones y todas estuvieran  en conocimiento  de lo que  comentaban.
Cuando comenzó a saber, el  enojo inicial la desbordo,  pero reflexionó y entendió que la única forma posible de seguir teniendo datos era continuar en contacto. Sus conversaciones eran esporádicas,  hablaban del país, de música, pintura, literatura, ignorando   todo lo personal.
La vaporizó   con perfumina  para humedecerla y con  dedicación  deslizo la plancha primero en  cada uno de los bordados, luego las mangas y  por ultimo  los ojales y el  cuello. Cuando estuvo satisfecha del resultado,  la colgó  en  una percha y ésta  en la puerta del placard.
 Saco el jean que  había comprado el lunes, pantimedias, botas  y un abrigo grueso, el invierno recién comenzado  se estaba sintiendo con intensidad.
Faltaban un par de horas, no quería que nada quedara librado al azar, todo debía ser meticulosamente analizado. Si alguna quería abandonar el plan, este era el momento, no habría  vuelta a atrás
Una ducha prolongada activó su cuerpo, se seco el cabello dándole forma con el cepillo. No pudo evitar sonreír al abrir el cajón de la ropa interior, ahora usaba tanga,  se acostumbró  y le gustaba.
Se vistió sin dejar de mirar el reloj, unas gotitas del perfume importado  que le   regaló su hijo  el día de la madre. Maquillaje suave y los labios rosados.
Como siempre no encontraba las llaves del auto, cada vez que le pasaba se proponía una conducta cuidadosa, pero solo le duraba unos días y vuelta al descuido. Menos mal, estaban en el bolsillo de la campera de lluvia usada el día anterior.
Antes de sacar el auto mando un mensaje: “Salgo”, quedo en pasarla a buscar.  Mientras cruzaba la ciudad pensaba si había sido buena idea, si cada una llegaba sola era prueba de aceptación a la reunión.

No había demasiado transito, llegaron rápido a la autopista. Durante los treinta minutos del viaje, hablaron  banalidades, no debía tocarse el tema si no estaban todas presentes, fumaron un cigarrillo, con  música de fondo seguro  ninguna de las dos sería capaz de recordar  que  sonaba