Susana
agrega dos cucharaditas de azúcar a su te y meticulosamente las revuelve,
en tanto trata de organizar en su mente lo importante para
comunicar en la reunión, sin que nada hiera los sentimientos de las asistentes.
Se
consideraba una buena profesional, había escuchado cientos o miles de historias,
pero eran ajenas, en esta estaba involucrada.
Debía
guiarse por la teoría y su experiencia, dado que no era su paciente, lo que la
cargaba de dudas y sobre todo por lo no lo conocía personalmente, aunque el
comportamiento era típico de libro.
El enojo
era consigo misma por no haberlo detectado antes, si bien le había
manifestado sus dudas por algunas publicaciones y se dejo convencer con excusas,
retrospectivamente no las había creído del todo.
Las
dos tuvieron largas charlas analizando la información, previo contactar
las demás. Tratando de ser lo más imparcial posible, difícil,
descubrieron las dos vidas o personalidades de él, la real y la
ideal o deseada, en la que matizaba sus relaciones familiares,
profesionales y personales con mucha imaginación
Mientras
esperaba el taxi tuvo deseos de fumar, extraño. Cuantas veces había repetido
en sus cursos que ese deseo enmascaraba sentimientos o emociones que debían
aclararse antes de encender el próximo cigarrillo