Ese sábado Julia se levantó muy temprano, en realidad había dado
muchas vueltas en la cama, entre intrigada y ansiosa, llevaban meses comunicándose
pero ahora era verse cara a cara
Recogió a Zuni, era unas pocas cuadras, la esperaba en la
puerta, le pareció mucho más alta de lo que había supuesto en las
videoconferencias. La charla superficial
sobre la ciudad, el clima, solo manifestó algo de inquietud por la reunión
Gina tuvo algunos inconvenientes, apenas pudo arreglarse, el
tema de siempre los nietos, su hija llego tarde a retirarlos. Por suerte el ómnibus
llego enseguida, vacío, pudo viajar sentada, permitiéndole relajarse algo.
Sofía era la que más dudas siempre tuvo, prefirió el último
tramo caminar, mientras analizaba sus
escasos encuentros, sus mentiras. Recordaba la charla inicial con Ana, ello la hizo
decidir la asistencia
Bruna corrió toda la mañana para dejar lista las entregas, decidió
tomarse un taxi a pesar que le iba a ocasionar gasto extra importante, pero pensó
se justifica.
Bahar nunca dudo en asistir
Lucia y Olyvia habían pasado la mañana recorriendo la
ciudad, agotadas, la noche anterior una gran trasnochada, llegaron apenas con
tiempo al hotel, una ducha, arreglarse y salir. Celina, una de las recientes
incorporaciones paso la buscarlas, su hijo oficio de chofer, en la total
ignorancia del motivo de la reunión a la que asistía su madre
Susana estaba muy inquieta, había asumido una
responsabilidad en el análisis de la personalidad de David, en blanquear tendencias
y prácticas sexuales, pero sobre todo la carta de Mirta, que no le había comentado
ni a Julia, con quien más que amigas ya eran compinches. Había suplantado a una
colega que estaba de viaje por Europa, en el centro de apoyo de enfermos
dializados. Una par de sesiones las cumplieron juntas para que los pacientes la
conocieran, revisaron las historias clínicas,
perfectamente detalladas y le presento además a dos psiquiatras que eran los
encargados de la medicación en aquellos que la necesitaban. Leyó varias veces
el relato de la mujer, analizando cada una de sus palabras, el viernes llamo a
su amiga, disculpándose por interferir su paseo, pidiéndole asesoramiento dado
que ella llevaba tratándola un par de años. Coincidieron en que debía respetarse
su voluntad.